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Ensayo

El principito se pone la corbata

Borja Vilaseca

Editorial: Temas de hoy, 180 páginas

Reseña enviada por: Leandro V.C. el mar, 10 may 2011 03:02:55 -0500

ISBN: 88484608684
Una de las ingenuidades del budismo y otras religiones antiguas consiste en presentar como natural la idea de que el sufrimiento es provocado por la ignorancia; cuando cualquiera puede constatar que la mayoría de la gente malintencionada está mejor informada (por no hablar de otras ventajas como mayor poder económico, social, sexual) que los que actuan de buena fe. De este modo dan la vuelta a la tortilla de la realidad, presentando al malintencionado como inferior en conciencia y poder, cuando realmente es al revés. Desgraciadamente, cualquiera con experiencias reales en este mundo puede comprobar lo que digo.
Este texo se atreve a mentar palabras mayores como el sufrimiento y el dolor para ofrecer una manera de autoengañarse barata y funcional en el sentido de que sólo dependemos de nosostros mismos para contentarnos y conformarnos, del modo que la zorra del cuento de «la zorra y las uvas» se consuela ella sola: un refrito de ideas budistas, cristianas, de Castaneda y de la PNL, todas demodé, un solipsismo infantil superado por la urgencia y la avaricia moderna. Dados los parámetros actuales de la vida social actual, resulta hasta cómico imaginar a un superhéroe, rodeado de vampiros a punto de atacar, tratando de alcanzar la felicidad y el crecimiento personal pensando en ayudar, mejorar y convivir en paz con los vampiros preparados para atacarle.
El libro funcionaría en un mundo ideal donde la mayor preocupación de la gente fuera, también, el crecimiento personal; por eso el libro desconce que los malintencionados tienen la misma influencia o mayor en el individuo que su conciencia. De hecho, la propia conciencia del individuo es formada a lo largo del tiempo por otras conciencias de alrededor con mayor poder (padres, profesores, amistades, etc)
La parábola de la semilla tiene su fundamento, pero el libro no menciona las otras semillas, que día a día el exterior ha plantado junto a las «naturales» en el interior del individuo. Por no hablar de que las semillas «sociales» agarran con más fuerza, porque nuestros semejantes las riegan cada día y las «naturales» mueren sin que el sujeto haya advertido su existencia.
Pese a sus errores, es un libro educativo por sus elevados ideales para la infancia, no apropiado para la adolescencia por su falta de realismo.
Responsabilizarse personalemente del sufrimento es un error. Porque éste proviene muchas veces del exterior, los demás cuentan efectivamente con recursos objetivos como para influir negativamente y ejercer poder, por mucho que nos empeñemos en no asumirlo. Aunque no asumamos la culpa de los demás y carguemos nosotros con ella, no va a dejar de suceder: sucede constantemente todos los días.

[Imaginemos a un mártir o un torturado o cualquiera del que han abusado intentando llevarlo lo mejor posible, con optimismo y pensando que el dolor proviene de si mismo]

Todo esto parte de la idea (de Castaneda y otros anteriores) de que «nadie le está haciendo nada a nadie» cuando en realidad esto es falso, la gente le está haciendo cosas a los demás continuamente, a una velocidad de vértigo, miles de veces al día. Y todo ello no es sino para justificar la no asentación en el victimismo. Lo cual es muy loable, pero no es lo mismo evitar el victimismo como patrón de conducta que negar a las victimas. Porque las hay.
En mi opinión, la única manera que hay de dejar de ser una víctima es tomar, en primer lugar, conciencia de que, efectivamente, se es una víctima. Si no aceptamos esto, veo difícil dejar de serlo.
Uno de los mayores trágicamente cómicos mitos erróneos que sucintamente expone el libro consiste en presentar al hombre cultivado como permanentemente feliz, alegre, consciente y colaborador. Lo primero que la consciencia es muy dolorosa, por eso la gente normalmente no cultiva su consciencia, porque prefiere alejarse, de un modo muy natural, del dolor. Por otro lado, vivir rodeados de conflictos, apremio e injusticia (como vivimos) hace sólo posible vivir feliz y alegre a gente muy egoísta (de nuevo, algo muy natural) o totalmente inconsciente. Ser consciente significa nadar en la frustración y montones de problemas, por eso la gente instintivamente prefiere evitarlo.
El libro presenta un caso de éxito muy poco realista, expone un caso basado en una minoría. El protagonista es responsable de Recursos Humanos de una empresa. Gracias a su posición se permite el lujo de meter en vereda al malo de la historia, el directivo antisocial; algo totalmente imposible de hacer para la inmensa mayoría de trabajadores con su propio jefe.
En definitiva el libro pretende aprovecharse de ese amplio sector de la sociedad totalmente desnortado, que no sabe ni dónde se encuentra ni en qué realidad vive para introducir una serie de conceptos a modo de consuelo; lo cual tampoco está tan mal ya que si no tienes una idea muy aproximada de la realidad lo más normal es que tengas bastantes tribulaciones, por lo menos podrás consolarte.



Comentarios

Bueno, creo que el prota te ha caído un poco gordo, tal vez por la posición social ...no sé.
Hay varios conceptos que podrían aclararse, la persona ignorante a que se refiere el Budismo no es aquella que no ha cogido un libro en su vida, se refiere al ignorante de si mismo, además existe también el ignorante ilustrado, que no sabe que ignora y que le convierte en un peligro público.

Sobre el que la conciencia nos hace sufrir, me veo en la obligación de ajustar esta afirmación, hay un sufrimiento del ignorante, esto es un sufrimiento que no hace florecer absolutamente nada y que nos hace cometer el mismo error una y otra vez sufriendo sin parar hasta llegar al desgaste, algo así como la mosca que golpea una y otra vez el cristal hasta que cae desfallecida. El otro sufrimiento es el que uno acepta sin rebelarse ni reaccionar airadamente contra lo que no entiende, si no *podemos entender* el origen de nuestro sufrimiento, lo mejor es aceptarlo como si fuera una parte más de nuestro cuerpo, o sea, saberlo llevar con inteligencia y aquí en la inteligencia aparece la conciencia, más tarde la comprensión y más allá la sabiduría. El sabio sufre, claro que sufre, pero es un sufrimiento silencioso que no le desgasta, luego está el tonto que sufre y hace sufrir a los demás endilgando al prójimo todos sus problemas y sin un ápice de auto-crítica, yo primero yo segundo y yo tercero y después yo mismo.
En la frustración no nada más que el ego que ambiciona méritos sin trabajar, la conciencia anhela y el ego desea, son conceptos que pueden confundirnos pero que son opuestos, la única manera de entender estos conceptos abstractos es hacerlos carne propia mediante el auto-descubrimiento y fomentando el sentido atrofiado de la auto-observación psicológica, usando la voluntad, la paciencia, la constancia e impulsados por el anhelo, no la ambición. Esto no son teorías tras teorías, ni opiniones, ni tesis ni antítesis esto es práctica pura y dura, meterse en el campo de batalla y luchar por nuestra propia dignidad, dejar la borrachera y el olvido y plantarle cara a la vida.

De todas formas y ahora hablando del libro, creo que toda lectura que nos remueva un poco interiormente está en su lugar, y estas más cerca de lo que dice este libro estando en desacuerdo que aceptando sin más. Te felicito por ello.
Juan.

  enviado por juandelpozo, 10-05-2011 [04:40]

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